"Conversar" con el incosciente
Son muy conocidos los casos de personas célebres que resolvieron sus problemas gracias a los sueños; el mismo Edison no se recataba en reconocer que cada vez que se le presentaba un problema aparentemente insoluble se iba a dormir, prescindiendo que fuera de día o de noche, y durante el sueño siempre se le aprecía la solución que buscaba, que luego no tenía más que poner en práctica y dar por finalizado otro de sus inventos.
Pero sin llegar a tales extremos, que al parecer son exclusivos de cerebros privilegiados o bien entrenados, es muy frecuente ir a "consultar con la almohada" cuando nos atosiga un problema, y más de una vez éste se soluciona durante el sueño o lo vemos más claro a la mañana siguiente.
¿Quién no ha oído decir alguna vez "Yo duermo muy bien porque tengo la conciencia tranquila", o " Yo duermo como un tronco porque estoy en paz con mi conciencia"?
Y quienes dicen esto quizá no se dan cuenta de la gran verdad que encierran sus palabras, pues una de las funciones de los sueños es la de ponernos en paz con nuestra conciencia; es decir, la de ayudarnos a eliminar aquellas tensiones, fustraciones, traumas y remordimientos que nos ocasiona casi a diario el tener que vivir como personas civilizadas, sometidos a unas normas sociales que muchas veces coartan nuestros instintos y deseos más profundos, o nos obligan a hacer cosas que repugnan a nuestra conciencia.
Si cuanto reprimimos en nuestro interior no pudiera ser eliminado, o al menos digerido y asimilada, llegaria un momento, y asi sucede en algunos casos, en que enloqueceríamos o nos convertiríamos en terroristas destructores a causa del odio y la amargura que llegaríamos a almacenar.
Afortunadamente, existe en nosotros la manera de descargar nuestra conciencia de estos contenidos lacerantes, y es mediante los sueños.
Cuando al soñar archivamos las vivencias del día, buenas y malas, ya hemos dicho que es inevitable remover las fichas vecinas, aquellas que se relacionan con la misma clase de acontecimientos, pensamientos o sentimientos que vamos a archivar, y de aquí que mientras algunos de estos contenidos son archivados sin que ni siquiera nos enteremos existen otros que aparecen deformados o incrementados en el sueño, pues al archivarlos actualizamos aquellos contenidos similares que yacían latentes; es decir, renovamos las heridas no curadas del alma, volvemos a sacar a flote traumas lejanos, sentimientos reprimidos que quedan plasmados en el sueño.
De aquí que cuando analizamos los sueños por la mañana podremos localizar muchos detalles pertenecientes a las vivencias del día anterior, e incluso a veces todos los que recordamos: reconoceremos aquella persona, aquel animal, aquel objeto,... o aquel pensamiento que tuvimos. Pero, ¿nos hemos parado a pensar por qué solo aquellos detalles y no los restantes? ¿Con qué criterio selecciona el cerebro los materiales del sueño? Pues simplemente por ser aquellos que removieron contenidos similares en la conciencia.








