La necesidad de los sueños
En efecto, cuando a una persona se le priva de su ranción diaria de sueños empieza a sufrir alucinaciones y transtornos nerviosos que llegan a la neurosis y las convulsiones, y el sujeto busca desesperadamente la forma de recuperar sus sueños perdidos, aunque sea intentando soñar repetidas veces durante el día brevísimos instantes, cuestión de pocos segundos cada vez. En voluntarios humanos siempre se han detenido las pruebas al llegar a este punto, pero, en animales, Jouvet ha llevado las experiencias a su máximo grado: experimentando con gatos localizó un punto muy preciso cerca del encéfalo cuya coagulación implicaba la desaparición total de los sueños.
Localizado dicho punto procedió a su destrucción. A los dos o tres días (al igual que sucedía con los hombres) empezaban a presentar alucinaciones y convulsiones, y al cabo de un tiempo, siempre antes de tres meses, terminaban por morir a pesar de hallarse sanos y sin que existiera nada que lo justificase, aparte, claro está, de la carencia de sueños.








